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CARITAS CHRISTI
 

INSTITUTO SECULAR FEMENINO DE DERECHO PONTIFICIO 

 ¿Qué buscas?

 

bullet Un camino para responder a la llamada de Dios; quieres darle toda tu vida.

Y estás segura que Él te quiere donde estás, en la profesión, en tu familia, en tu medio de vida....

Nosotras hemos oído la misma llamada

e intentamos responder a ella.

Caritas Christi 

El amor de Cristo nos seduce y  queremos desde nuestra vida:  

·         Entregarnos totalmente a Él en y por nuestra condición laica

 

bullet Vivir plenamente nuestra consagración bautismal en el celibato escogido por amor

               a Él

 

·         En Iglesia y para la Iglesia

 

·         Escondidas con Cristo en el secreto del Padre

 

·          En comunión fraterna.

Este compromiso responde a todos los aspectos de nuestra llamada y nos lleva a una profunda unidad de vida.

 ¿Quiénes somos?

bullet Desde su orígenes Caritas Christi está pensado y querido universal en todas las dimensiones de la palabra. 

Somos mujeres católicas, laicas de todas la profesiones y ambientes, de todos los continentes. 

bullet Por nuestra extrema diversidad, tendemos a expresar juntas un aspecto de la llamada de todas a la santidad

 

bullet Nuestra vocación nos pone en el corazón de la unión universal de la Iglesia

              como laicas contemplativas – apostólicas 

 

bullet Nos quedamos en nuestra inserción natural, donde asumimos los deberes, las responsabilidades y los servicios de nuestra misión particular, que tiene sus raíces en el bautismo:

                     ser testigos de Cristo por nuestra vida y nuestra presencia

                     en todas las realidades del mundo. 

bullet  Por eso, salvo necesidad reconocida, guardamos la discreción sobre nuestra donación en Caritas Christi

 

bullet Viviendo plenamente nuestra condición laica, no tenemos obras, ni casas comunes y no podemos pedir al Instituto una seguridad material.

¿Cómo y en qué espíritu vivimos? 

bullet  Cristo nos llama a permanecer en Él como Él mismo permanece en nosotras. Nos hace entrar en su propia oración y vivir de su Espíritu.

 

·          Juntas, en comunión fraterna, nos ayudamos a vivir este Espíritu.

Esta vocación compartida, expresada en Vida y Espíritu de Caritas Christi crea entre nosotras unos lazos fraternos. 

·         No vivimos en comunidad, pero nos reunimos regularmente.

Una ayuda personal y de intercambio en grupo nos permite profundizar, en el respeto de nuestras diversidades, nuestra respuesta cotidiana a la llamada de Dios. 

¿Cuáles son las etapas del camino en Caritas Christi? 

bullet La formación inicial de 3 años debe llevarnos a descubrir la vocación de Caritas Christi y a discernir si responde a la llamada recibida.

 

bullet Se vive en cada lugar por el diálogo y siempre se adapta a las condiciones reales de la vida y de la vocación personal de cada una.

 

bullet Después de los compromisos anuales se continúa el camino hasta el compromiso definitivo: la donación reconocida por la Iglesia.

 

En el origen de Caritas Christi están presentes dos personalidades fuera de lo común: una mujer laica, Juliette Mollán (1902-1979) y un religioso dominico, el P. Joseph-Marie Perrin (1905-2002).

 

            Juliette Molland nació al principio del siglo pasado en Noves, una pequeña ciudad rural cerca de Avignon (Francia). Es allí donde se desarrolla toda su existencia.

 

            Personalidad fuerte y generosa, dotada de inteligancia viva, trabaja en una empresa familiar y se pone al servicio de su pueblo y de su parroquia. Se ocupa del catecismo, crea un grupo de juventud agrícola cristiana, organizada fiestas, representaciones teatrales en las que participa toda la población. Es así mismo consejera municipal.

 

            Después de un largo caminar de búsqueda espiritual, Juliette percibe muy vivamente una llamada a vivir totalmente entregada a Dios, sin dejar el mundo y se pregunta si esto es verdaderamente posible...

 

            En 1.936, a la edad de 34 años, encuentra al P. J. M. Perrin, O.P., y le comunica su búsqueda y sus dudas. Toman conciencia que Dios les pide fundar lo que Juliette llama “una orden laica”. Juntos definen poco a poco las características de esta vocación. Algunas mujeres jóvenes, que se sienten llamadas a un ideal de entregarse a Dios en pleno mundo, se les unen.

 

            Las diez primeras, de este pequeño grupo en búsqueda, hacen un retiro y durante la misa, del 4 de agosto de 1937, cada una se entrega a Dios para realizar esta obra nueva si es Su voluntad.

 

            El 16 de junio de 1.939, fiesta del Sagrado Corazón, en presencia del Obispo de Marsella, nueve mujeres se comprometen en la “Unión misionera de las pequeñas hermanas de Santa Catalina de Siena”, que después se llamará “La Unión Caritas Christi”. Juliette Molland es la primera responsable de la Unión.

 

            Algunos años después, Juliette siente que su tarea de cofundadora con el P. Perrin está realizada. Desea renunciar a los cargos y va a dejar a otros miembros la responsabilidad de gestionar y dar a conocer el Instituto a través del mundo. Tomada la decisión vivirá la vocación de Caritas Christi apartada y en silencio.

 

            En 1.979, después de un largo periodo de enfermedad, Juliette se une al Señor, el 6 de agosto, en la fiesta de la Transfiguración. Descansa en el cementerio de noves, su pueblo natal. En el mundo entero los miembros de Caritas Christi han celebrado en el 2.002 el 100 aniversario del nacimiento de su fundadora.

 

            En efecto, el Instituto se ha desarrollado rápidamente en los 5 continentes. Actualmente está presente en unos cuarenta países, con una gran diversidad de culturas, de mentalidades, de condiciones de existencia, etc. entre sus miembros. Pero, más allá de las diversidades de sus vidas, todas sienten la unidad profunda que crean los lazos de su vocación comun en Caritas Christi: estar presentes e integradas en todas las realidades del mundo y “permanecen en el Amor de Dios para amarle y hacerle amar allí donde Él las ha colocado” (Cf. Art. 1 de Vida y Espíritu).

 

            El P. J.M. Perrin, co-fundador, ha dado durante largos años su ayuda y su presencia sacerdotal a Caritas Christi. En su ministerio sin reposo y con fuerza anunciaba ¡“el amor infinito de Dios por todos los hombres” y “la llamada de todos los cristianos a la santidad”!

            Retirado en las Hermanitas de los Pobres en Marsella, con mala vista desde su adolescencia, ha entrado serenamente en la luz de la Vida, el 13 de abril de 2.002, a la edad de 96 años. Descansa en el cementerio de la Santa Baume. 

bullet  4 de agosto de 1937: ofrenda al Corazón de Jesús de las 10 primeras

 

bullet  16 de junio de 1939: primeras donaciones ante el Obispo

          de Marsella

 

bullet Pentecostés de 1944: el obispo de Marsella aprueba las constituciones de la Unión Caritas Christi

 

bullet  6 de diciembre de 1950: la Unión Caritas Christi es declarada Instituto Secular de derecho diocesano.

 

bullet  19 de marzo de 1955: por decreto de la Sagrada Congregación de los Religiosos y de los Institutos Seculares, la Unión Caritas Christi es erigida Instituto secular de derecho pontificio.

 

bullet

19 de marzo de 1.979: la Sagrada Congregación de los Religioso y de los Institutos Seculares aprueba las constituciones de Caritas Christi renovadas, después del Concilio Vaticano II

 

TONIPOZO@telefonica.net  (Persona del contacto) (España)

http://www.conis.cl/caritas/presentacion  (Chile)

 

 

 

 

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RASGOS ESENCIALES                                                                            

Réunion international Porto

Instituto Secular Caritas Christi.

¿Quiénes somos?

Caritas Christi es un Instituto Secular aprobado por la Iglesia. Acoge a mujeres, de edades comprendidas entre 20 y 45 años (solteras o viudas), que quieren entregar totalmente su vida a Dios en el mundo. Mujeres seglares de diferentes nacionalidades han recibido la llamada a esta vocación. Entre nosotras hay diferencias de cultura, de mentalidad y de opiniones. Lo que nos une es el amor de Dios. Este amor  se dirige personalmente a cada una de nosotras. Dios nos ha llamado a la vida con Él y por Él, en el mundo. Nosotras hemos respondido a este amor libremente, decidiendo vivir, plenamente, nuestro Bautismo, por la Iglesia, en el mundo. Dios nos ama profundamente, tal como somos. La misión de CC es alumbrar la llama del amor en el mundo, amar a los otros como Dios los ama y permitirles, también, amar a Dios.

 

¿Cómo puede realizarse eso?

Somos mujeres seglares y vivimos como las otras mujeres seglares, una entre las demás, sin que nada nos separe de ellas. Encontramos a Dios en nuestra vida cotidiana. Cualquier cosa que estamos llamadas a hacer, grande o pequeña, lo que cuenta es el grado de amor que ponemos en hacerla. Ser es más importante que hacer.

Estamos abiertas a los otros allí donde vivimos y donde trabajamos: en nuestro trabajo, en el entorno familiar, con los amigos, en los sindicatos, la política, la ciudad, en la parroquia, en el servicio a la Iglesia. Amamos al mundo porque el mundo es amado por Dios. El mundo es un lugar divino, es el lugar donde Dios espera mi colaboración. Somos solidarias con el mundo en sus esperanzas, sus alegrías y sus penas.

Estamos comprometidas en la construcción de una sociedad que respete a cada ser humano y que esté fundada en la justicia y la paz. Cuando tomamos decisiones, tanto en cuestiones importantes, como la mundialización y el medio ambiente, como en las menos importantes, tratamos de tener las mismas intenciones que tenía el Hijo de Dios cuando vino al mundo. Cada injustita y cada búsqueda de la verdad, la belleza y la bondad, son un desafío para nosotras. Evidentemente, no es porque poseemos las respuestas a todos los problemas, sino más bien porque todas las circunstancias de la vida y de la muerte de los seres humanos son ocasión, para nosotras, de dar testimonio de la obra salvadora de Dios.

En el curso de nuestra vida queremos ser un Mensaje de Dios; queremos dar testimonio del amor de Dios, ser el espejo y la luz de Su Amor en nuestro propio entorno.

Queremos ser la levadura, la sal y la luz, a fin de permitir al mundo cambiar desde el interior y transformarse en un lugar habitable para todos. Queremos ser los testigos de la Resurrección y dar cuerpo al “sí” de Dios por la vida, viviendo con esperanza y confianza.

Nos consideramos como un puente entre la Iglesia y el mundo. Queremos que aquellos que nos rodean conozcan el amor de Cristo y sepan que Él esta cerca de ellos. Queremos que vean que la Iglesia nació del amor y queremos que crezca el amor a la Iglesia. También compartimos lo que, quizás, es más difícil para la Iglesia, es decir, su renovación y su desarrollo.

Nuestra vocación nos conduce al corazón de la Iglesia, que es el signo y el medio de una unión intima de toda la humanidad con Dios. Por medio de nuestra donación nos ofrecemos a Dios, por la Iglesia. Nuestra vida cotidiana nos une a la Iglesia y nuestra oración diaria, por la Iglesia, es vital para nuestra vocación.

¿Cómo nos ayuda nuestra vocación, Caritas Christi, a conseguirlo?

Respondemos a la llamada de Dios escogiendo, libremente, vivir, totalmente, con Dios y por Él. Nos encontramos con otras que han recibido la misma llamada y que persiguen el mismo camino. Recibimos, de su parte, el apoyo y el valor necesarios para continuar esta exigente vocación. Hemos hecho la elección de Dios, lo que nos da una confianza absoluta en Él. Vivimos en su Amor y deseamos agradarle en todas las cosas.

Hacemos un don (la donación) de todo nuestro ser a Dios, prometiendo vivir en el celibato, escogido por amor, a fin de que el amor de Dios pueda crecer en nosotras. Viviendo en nosotras, Cristo está presente en su pueblo; Cristo, vivo en nosotras, nos permite conocernos mejor y hacernos conforme a su proyecto. Nos alegramos al descubrir las riquezas de nuestra personalidad humana. Aceptamos nuestras debilidades y nuestros límites, confiando en el amor de Dios, que nos acepta tal como somos y siempre está dispuesto a perdonar.

Vivimos con apertura y gratuidad, conscientes de recibirlo todo de Dios. Reconocemos que esta responsabilidad nos impone no ignorar las necesidades del mundo e implicarnos para cambiar lo que tiene necesidad de ser cambiado.

Dios nos llama allí donde estamos y no quiere que estemos satisfechas de vivir ahí, sino que nos comprometamos profundamente y que estemos atentas a las personas que nos encontramos, así como a los acontecimientos y problemas cotidianos. Para responder a las necesidades del mundo nos preocupamos por desarrollar nuestras competencias, nuestras aptitudes y nuestros talentos.

En un mundo donde el papel de la mujer, las ideas sobre la sexualidad y las realidades sociales están cambiando continuamente, debemos dar pruebas de creatividad y discernir sobre nuestra manera de vivir nuestro celibato.

Cada miembro de Caritas Christi debe asumir la responsabilidad de su propia vida y las decisiones que se le plantean. A la luz del Evangelio y siguiendo el ejemplo de Cristo, cada una puede ver todo lo que ha recibido como don del Padre, para utilizarlo según Su voluntad.

La nota dominante de nuestra vida es el amor. Vivimos profundamente enraizadas en Dios. Además nuestra unión con Cristo es estrecha, además el Evangelio puede expresarse a través del testimonio de nuestras vidas, vidas ofrecidas a Dios en el corazón del mundo. Por medio de la oración llegamos a ver el mundo tal como es visto por Dios. Cada vez más estamos invadidas por el Espíritu de Cristo, y llevamos todas las cosas al Padre: alegrías, esperanzas, sufrimientos, pobrezas, restricciones, problemas, dolores. Nuestra vida llega a ser oración. La oración es amor. La acción es amor. No hay separación. Nuestra vida es amor.

Nuestra comunión en CC nos permite profundizar en nuestra vida de oración:

  • en la soledad y en comunidad
  • en la oración personal y en la oración comunitaria, en la alabanza y en la acción de gracias
  • en el silencio y en la escucha, y en el diálogo con la Palabra de Dios en la Escritura.
  • En la meditación y en la adoración
  • En los Sacramentos de la curación y del perdón.

 

Nos unimos cada día, en la Eucaristía, a la gran acción de gracias de la Iglesia, a fin de ser transformadas por la Palabra de Dios, y así inscribirnos en el sacrificio perfecto, por medio del cual Cristo redimió al mundo.

A menudo renovamos el “sí” a Dios, el cual pronunciamos el día de nuestra Donación. Nos unimos a María. Su “Sí” estaba lleno de fe y continuó hasta el final con coraje y alegría. De Ella aprendemos cómo vivir, cómo amar a Jesús y cómo seguirlo. De Catalina de Siena aprendemos cómo vivir unidas, profundamente, a Cristo, en la realidad de nuestra vida cotidiana, y cómo vivir con valor como miembros activos e iluminados de la Iglesia.

 

 

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